La cultura del transportista mexicano

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La cultura del transportista mexicano es que en cuanto enciende el motor, el camionero sabe que no hay marcha atrás. Admirados por unos, no tanto por otros, hay muchos mitos que rodean las vidas de los transportistas. El hombre-camión, transportista, trailero, camionero u operador son los encargados de abastecer a todo el país y ayudan a que la economía avance. Alrededor del 80% de la mercancía se distribuye en México de forma terrestre y se estima que alrededor de 1,000 millones de dólares cruzan la frontera con México todos los días. En general se trata de personas apasionadas por su trabajo, muy trabajadores y amigables, que tienen buena voluntad y un máster en una escuela de negocios llamado la industria del transporte. Entre los roles más conocidos de un conductor es revisar el camión, asegurar la mercancía, realizar tareas de mantenimiento y obtener acuses de recibido, pero ser transportista es más que eso.

La vida de un transportista empieza desde el paradero, patio o donde se encuentre descansando algún momento y se prepare para ir por su siguiente carga. Con cajas de 48 y 53 pies, 465 caballos de fuerza, hasta 18 llantas, 5 ejes, 6 cilindros, 8 espejos y 18 cambios de velocidades, los trailers se convierten en su casa y más que eso, en su compañero. Emprenden el viaje y sus sentidos entran en alerta, siempre viendo los carros de alrededor, escuchando música, mandando audios a su familia por whatsapp, saludando a otros camiones, cambiando de carril y recorriendo el país. En promedio, un trailero recorre unos 80,000-100,000 kilómetros al año y en 10 años unos 800,000-1,000,000 kilómetros.

Antes los traileros acostumbraban a saludar siempre que llegaban a un establecimiento o restaurante, desde el que los atendía hasta los comensales, que casi siempre son traileros también, como si fueran su familia. Aunque no se conozcan ni sepan sus nombres, son hermanos de la carretera. También, acostumbran a ir a cachimbas abiertas día y noche a las que llegan los traileros a cargar pila y tomar café. Cuando descansan o tienen tiempo para llevar su mercancía, visitan o llaman a sus familiares, duermen un poco o limpian su tracto camión con detenimiento y amor. Sin duda, el amor hacia la familia lo es todo y el mayor pensamiento que ronda en la mente de los traileros es que trabajan para llevar comida a su mesa, son el motor de su familia.

La verdad es que el transporte ha cambiado radicalmente en los últimos años. Antes los camiones eran más complicados de manejar, las direcciones eran durísimas, los vehículos incómodos y las carreteras peores de lo que son actualmente. La tecnología hace que las jornadas al volante sean mucho más seguras, eficientes, productivas, que ayuden a disminuir los costos y convierten el trabajo en una experiencia más amena. Hoy en día, el internet ha revolucionado el mercado y ayuda a crear comunidades entre los operadores por medio de las redes sociales. Los transportistas lo utilizan para informar a sus colegas percances que pueden encontrar en la carretera, para conocerse, platicar de sus experiencias, pasar sus números, compartir videos o fotografías de su trailer o simplemente, para hacer su comunidad, su familia, aún más grande.

La cultura del transporte en México se ha modernizado. Si bien tiene sus ventajas como el GPS, mayor seguridad, contacto y comodidad, hay algunas costumbres que han quedado atrás, pero el trailero se ha sabido adaptar. Ahora envían su información por redes sociales, realizan rápidos registros de plataformas que les ayudan a conseguir más chamba y mejores condiciones de trabajo, tienen oportunidad de estar más con su familia, pero tampoco pueden olvidar que la carretera los llama al paso de las horas.

El Hombre camión, trailero, camionero, transportista más allá de ser los motores que recorren y abastecen el país son personas como tú o como yo, porque detrás de un “monstruote” tan grande existe gente igual a todos los demás: con defectos, virtudes y sentimientos. Porque emprenderán su viaje acompañados del radio y sus canciones, con sus hermanos de la 57, rebautizados con los 10-28 que serán los nombres que llevarán en su otra vida. La vida de la carretera.